Todos hemos escuchado hablar de bioconstrucción, y de eficiencia energética, pero, ¿Sabemos que significan realmente? Por lo general, son dos términos que escuchamos de forma recurrente en nuestro día a día, desgraciadamente de forma aislada, y cada uno asociado a conceptos diferentes, tal vez uno se asocia más a un proyecto de bajos recursos, y el segundo con la industria y a las ingenierías eficientes.
Me gustaría poder romper con este paradigma o falsas creencias que a veces se nos pueden pasar por la cabeza.
Los dos términos deben de ir ligados al 100%. Para poder entender qué relación existe entre ambos términos, debemos conocer cada uno de ellos por separado, pero trabajar con los dos de forma conjunta para lograr una arquitectura respetuosa con el medio ambiente y sin emisiones de Co2, incluso incorporando un tercer término, la autoconstrucción del proyecto, que permite involucrar a la población, aporta enseñanzas y que logra permear el conocimiento y la cultura sostenible a la sociedad donde se emplaza el proyecto.
El primer término, la bioconstrucción, se entiende como una forma de construcción respetuosa con los seres vivos y el medio ambiente. Nace de la arquitectura vernácula, de la historia y los pueblos que buscaban soluciones para el confort y el hábitat, usando materiales locales y reflejando la sostenibilidad en todo su esplendor, así como las bases de la arquitectura bioclimática, y tiene como fin lograr la integración del edificio con su entorno, minimizando el impacto sobre éste.
¿Por qué es tan importante apostar como profesionales por la bioconstrucción hoy en día? ¿Por qué debemos de recuperar las técnicas constructivas de antaño? ¿No sería interesante usar ese conocimiento e, incluso, poder industrializarlo con las tecnologías y los avances de construcción actuales?
Recordemos que pasamos un 80% del tiempo en el interior de los edificios y los materiales que se emplean habitualmente, no siempre son respetuosos con el medio ambiente e incluso pueden llegar a ser tóxicos para los humanos.
Las técnicas constructivas naturales nos permiten crear edificios a todo tipo de escala, beneficiosos para la salud, cómodos y confortables térmica, visual y acústicamente, mejoran la calidad del aire en el interior, presentan muy buena iluminación natural y un notable bienestar psicológico y físico para los ocupantes. En resumen, son cómodos, proporcionan bienestar y tranquilidad.
En lo que respecta al segundo término, el concepto de eficiencia energética, debemos saber qué hace referencia a la capacidad para obtener los mejores resultados en cualquier actividad empleando la menor cantidad posible de recursos energéticos. Se trata de reducir el consumo de energía y, en consecuencia, el impacto que tiene la misma sobre el medio ambiente y la economía, como pueden ser los costos operativos durante la ocupación del edificio.
Por tanto, ¿Qué podríamos lograr si combinamos la bioconstrucción con los softwares de consultoría energética que nos permiten estudiar el confort, la iluminación natural, o los flujos de aire? ¿Realmente podemos minimizar o erradicar los sistemas de climatización en proyectos realizados con bioconstrucción? ¿Y si combinamos esta forma de construir con los sistemas activos para poder lograr un edificio Energy zero, net positive, regenerativo, y sin emisiones de Co2? ¿Sería un excelente proyecto a todos los niveles, no es así?
Los materiales naturales nos permiten alcanzar una enorme eficiencia energética en las construcciones, podemos lograr una envolvente térmica continua libre de puentes térmicos y con buen aislamiento en paredes, pisos y techos. Al resolver de la forma más adecuada la arquitectura pasiva, conseguimos maximizar la eficiencia energética y lograr las características mencionadas en los espacios: gran confort y calidez visual, acústico y térmico, así como espacios sanos.
Hoy en día, cada día más profesionales se suman al cambio de paradigma en la construcción y a recuperar estos sistemas constructivos naturales, como pueden ser paja, tierra compactada, super adobe, impresión 3D con tierra, piedra de la región, barro o adobe, por mencionar algunos. Ejemplos como los que presento a continuación, son dignos de estudio y referencias de profesionales comprometidos y con gran responsabilidad ambiental:
La arquitecta Anupama Kundoo, pionera moderna, apuesta desde hace años por la sostenibilidad en su propuesta. Durante mucho tiempo fue la única: ‘Hace 30 años el término sostenibilidad no existía, ahora se utiliza casi en exceso y a menudo de forma incorrecta, llaman “verde” a cualquier cosa. Es una nueva estrategia de marketing. Creo que la “insostenibilidad” es el nuevo comportamiento, la construcción convencional ya no está a la altura de los tiempos’.
Para Anna Heringer, la era del concreto ha terminado. Desmonta así un ícono de la cultura de la construcción moderna. Con su arquitectura quiere demostrar que con barro se puede construir una alta calidad de construcción y habitabilidad.
Y por último, hago mención de Yasmeen Lari, que pretende alcanzar una paleta de materiales basada en la tierra, lima y bambú. Para ella, la tierra es un material milagroso con cero energía embebida y huella ecológica cero. Pretende crear estructuras de cero carbono.
https://elcerramiento.mx/bioconstruccion-y-eficiencia-energetica-sistemas-de-construccion-naturales/
Participación en concurso invitada como asesora en sostenibilidad de los proyectos. Evento organizado por CAEQ, Colegio de arquitectos del Estado de Querétaro, y QUERETARO CREATIVO. Una competencia universitaria de dos días de duración para compartir visiones sobre diferentes ciudades del mundo y cómo intervenir y mejorar el espacio público desde la comunidad, la regeneración y la mejora de la calidad de vida.
Participación en ponencia en VI foro internacional de biodiversidad y economía circular donde se reunieron más de 40 speakers y panelistas protagonistas de casos de éxito en conservación y restauración de la biodiversidad, aplicando principios de economía circular, ciencia de la sostenibilidad y conocimiento ancestral en Colombia, México, Perú y Chile. Acciones que conectan y regeneran.
Hoy en día, escuchamos, leemos y nos encontramos con todo tipo de mensajes persuasivos repetidamente, pero nuestra mente es selectiva y nos quedamos con el que más nos gusta a nuestro criterio o con el que nos convence más en su argumento. Hay tanta información que nos podemos creer y crear la historia con la que más hacemos clic: ¿Qué debemos comer? ¿Qué nos hace daño y qué no? ¿Cómo ser un empresario exitoso? ¿Qué esquema de familia o pareja debo seguir? ¿Cómo debo de vestirme? ¿Cómo debe de ser mi cuerpo? ¿Cómo evitar la frustración personal? ¿Qué trabajo me conviene? ¿Cuál es mi objetivo en la vida? ¿Sabemos qué información es la correcta y cual es errónea? Tanta información, cuestionamientos y reflexiones nos aturden, nos confunden. Personas que intentan convencernos o guiarnos hacia el camino que ellos creen correcto o más bien yo diría, ¿Qué creen correcto o que les beneficia a esos emisores de mensajes que nos agitan? Pero, aunado a todas estas preguntas con una respuesta tan libre, nacen nuevos cuestionamientos que parten de las preocupaciones climáticas, de la irracionalidad en el uso de los recursos, de la inercia de la sociedad con un estilo de vida acelerado que busca resultados inmediatos con el fin de satisfacer el falso bienestar, del cambio en las nuevas iniciativas que parten de normativas globales y locales que buscan implementar otro modelo de desarrollo sostenible. En el mundo de la construcción ocurre exactamente lo mismo, así como en cualquier otro gremio. Nos hacemos muchas preguntas a la hora de diseñar, de las cuales mencionaré alguna de tantas, como, por ejemplo: ¿Cómo percibo el espacio? ¿Qué imagen busco reflejar? ¿Cuál es la vivencia del usuario? ¿Cómo debo conectar mi proyecto con la ciudad? ¿Cómo logro más rentabilidad en el proyecto propuesto? Pero nuevas reflexiones se presentan en el proceso de diseño, así como: ¿Cómo logro un edificio sostenible? ¿Cómo minimizo mi huella de carbono? ¿Cómo agilizo los tiempos de construcción? ¿Cómo puedo usar la tecnología a mi favor en la construcción industrializada? ¿Qué materiales debo usar en mi proyecto arquitectónico? El despertar de la conciencia ambiental empieza a materializarse. Como bien sabemos, la construcción es una industria altamente contaminante que impacta negativamente el medio ambiente a través de la emisión de gases de efecto invernadero, la generación de residuos, la contaminación del aire y agua, y la alteración de ecosistemas. Y los materiales que usamos mayoritariamente tienen mucho que ver en todo esto. Cemento, acero y aluminio, o materiales industrializados con sustancias orgánicas volátiles, entre otros. Las soluciones constructivas actuales son capaces de responder a varios factores que exige una edificación, como pueden ser durabilidad, ingeniería, capacidad estructural, mantenimiento, fácil montaje y rapidez constructiva, entre otros . Ningún material o solución es totalmente es bueno o malo (¿o si?). Pero nos olvidamos de la esencia de dónde venimos y qué nos ofrece nuestro planeta, y cómo debemos de extraer los recursos si queremos evolucionar a un modelo basado en la circularidad y en la regeneración. Por eso me gustaría preguntaros: ¿En qué momento nos olvidamos de basar nuestras soluciones constructivas en los materiales que encontramos en la Naturaleza? ¿Cuáles son esos materiales predominantes en el medio natural? Podríamos nombrar algunos como la madera, piedra, arcilla, arena y fibras vegetales como algodón y lino. No es de extrañar entonces, que exista una mirada retrospectiva y un despertar de la conciencia hacia esos materiales naturales, que se han empleado desde las arquitecturas vernáculas, pero que, por convencimiento social e industrialización, se perdieron. Nuevas miradas, ya sean por temas medioambientales, por implementar un nuevo modelo de negocio y abrir otros mercados, por buscar la innovación y diferenciación de un producto, permiten empezar a hablar de otro tipo de soluciones: ¿Es la madera un material sostenible y una alternativa a la construcción tradicional? Efectivamente, vemos que la madera se está consolidando como un material clave para proyectos sostenibles y energéticamente eficientes ya que además de ser un material primario, versátil, renovable, reciclable, resistente, térmicamente adecuado para el confort, que absorbe carbono y requiere menos energía en su fabricación que los materiales convencionales, facilita la prefabricación y la construcción industrializada, y mejora considerablemente los tiempos de ejecución en obra. Con todo lo expuesto anteriormente, podríamos decir que la madera es uno de los mejores materiales para construir (¿Me creéis?). Un asunto complejo. Como comentábamos anteriormente, nada es blanco o negro, sino que todo tiene matices. El uso irresponsable de la madera y extraída de un bosque sin una gestión sostenible conlleva deforestación y pérdida de biodiversidad (¿Qué tan fácil podemos controlar que ese recurso venga de una operación responsable? ) Los tratamientos químicos usados posterior a su extracción lo convierte en un material procesado, lo cual hace más complejo su proceso de reciclaje y reutilización. No olvidemos que cada material tiene una huella de carbono y que la sostenibilidad del mismo se evalúa generalmente por su impacto ambiental durante todo su ciclo de vida. “Debemos construir con materiales naturales y no contaminantes” ¿Sería esta la solución en un mundo de tantas respuestas, opciones, y argumentos? ¿Es factible un mundo donde la madera es el material predominante o se volvería insostenible? ¿Imaginamos un mundo construido en madera? ¿Y si recuperamos las construcciones vernáculas, pasivas y basamos nuestras soluciones en la Naturaleza, incorporando la ingeniería y tecnología que permita lograr un edificio regenerativo?¿Podemos lograrlo? ¿Creemos en esto o es una utopía? ¿Creemos más en cómo funciona la Naturaleza y poder imitar o replicar su modelo regenerativo, o en los discursos de venta y mensajes persuasivos que nos desvían del camino correcto? ¿Y si la solución reside en un balance de materiales no contaminantes extraídos del lugar dónde nos encontramos? No nos vayamos a los extremos. “ Creer es crear”- Miguel de Unamuno.
Despierto a Damla con un movimiento suave. Hace fresco. Nos quedamos dormidas bajo la hermosa sombra de la jacaranda del patio que invade la azotea de nuestra casa de una planta, bañándonos de tonalidades, mariposas, destellos de luz y sonidos de las aves del lugar. El centro histórico de Querétaro es una red natural biodiversa llena de fauna, flora y árboles cuyas ramas y raíces se entrelazan entre patio y patio de cada casa, cuyas buganvilias protegen las fachadas del calor y son el hogar de pequeños insectos. Me quedaría mirando, pero se nos hace tarde y mamá nos va a regañar. Tenemos que recoger los tomates del huerto para hacer la ensalada que nos encargó. Hoy es su cumpleaños y no podemos retrasarnos. Viene toda la familia y es su 70 aniversario. Damla no entiende mi apuro y me llena de lametones, quiere jugar. Menos mal que el viento y el sonido de esos pájaros petirrojos nos despertaron. Mi ciudad mexicana cada día está más bonita. Miro a mi perrita y recuerdo cuando todavía no la tenía conmigo. Esos años eran de gran preocupación. Vivíamos en otro lugar, y tuvimos que emigrar porque ya no teníamos agua ni comida. Nuestros hogares estaban contaminados, la basura nos invadía y los peces estaban llenos de micro plásticos. Solo una pequeña parte de la población tenía alimento y apenas alcanzaba la comida para todos. No entendía porque existían las guerras y las fronteras, y tampoco entendía porque todos se peleaban por papeles que por lo visto tenían mucho valor. ¿Por qué las personas se enfermaban continuamente en sus casas y estaban tan apagadas? El ladrido de Damla me trae de nuevo al presente y apuro el paso. Bajamos las escaleras, y entramos en la casa a través del patio, encargado de regular la temperatura interior de las estancias y de aportar iluminación y ventilación natural, privacidad, silencio y paz en nuestro hogar. Cuando llegamos todavía permanecían algunos muros de concreto derruido y frío abrazando la soledad del interior. No fue un águila que se posó en un nopal, sino un pequeño brote verde en medio de tanta ceniza lo que me hizo valorar que este lugar era mágico. Sabía que había esperanza y que lo íbamos a lograr reconstruir de forma sostenible. Ese brote es la jacaranda que ahora me llena de flores. Construimos la casa con mi papá, que era permacultor y bioconstructor. Gracias a su pasión yo quise estudiar arquitectura. Juntos pudimos diseñar una arquitectura vernácula con muros de tierra compactada que nos regulan la temperatura, una estructura de madera de productores locales y sostenibles, y acabados naturales que nos permiten respirar un aire limpio y sano. ¡No nos hemos vuelto a enfermar! La casa consta de varias recámaras y áreas comunes orientadas para no tener frío ni calor en ninguna época del año. Nuestra energía viene de paneles solares, el agua que consumimos la almacenamos de la lluvia, y todo el agua que usamos la tratamos y la volvemos a reutilizar en nuestras plantas, cerrando el ciclo. Un pequeño brote verde de Laura Medina En la cocina el aire tiene el olor de una sopa recién hecha. Damla ya la había localizado con su olfato y estuvo a punto de comérsela. ¡Menos mal que le quité la garra a tiempo!. Es mi sopa favorita, receta de mi abuela, y secreto de mis antepasados. Todavía humea y se nota que los fogones están recién apagados. ¿Dónde habrían ido mis papás? Dejo las frutas y verduras en la alacena y abro las persianas de las ventanas para que se caliente el interior de la sala. Intrigada, llamo a Damla y salimos a la calle buscando entre las bicicletas y personas caminando, intentando localizar a mis padres. No les veo, pero mis ojos se van directo a los flanes caseros de Lupita, que está vendiendo en ese momento. No puedo evitar la tentación y camino hasta su puestito. Ya no existen los centros comerciales ni los monopolios de empresas, las ciudades ahora cuentan con una red de oficinas colaborativas de las diferentes profesiones y de mercados comunitarios con productores locales y una temática diferente: mercados textiles, de alimentos, o de homeopatía entre otros. Me encanta poder encontrarme a todos mis vecinos y poder ver a todos colaborando, intercambiando sus productos. Red de mercados comunitarios, red de lugares de trabajo, red social de cultura y patrimonio, red de parques, un urbanismo interconectado y pensado para el peatón y el transporte sostenible. Aprovecho para llevar también a mi madre un bote de miel de Itzel, la vecina de la calle 5 de mayo; el perfume de lavanda de Rosita de la sierra, y mole de la familia oaxaqueña; el más rico que he probado. Compro también dulces árabes de Kareem, y Matoke, y una comida típica yucateca hecha por el hombre más guapo y chef más prestigioso de toda la comunidad, Ikal. Siempre me sonrojo cuando me mira… Tal vez podría haber traído mis tomates para intercambiar algunos con él y poder profundizar más en la conversación. Vuelvo bordeando el río de aguas cristalinas, lleno de garzas y patos en sus orillas y algunos señores leyendo. Me distraigo un segundo y Damla ya tiene un pez en la boca ¡Qué vergüenza! Le hago un gesto y lo suelta. Menos mal que nadie nos vio. Aquí se respetan a todas las especies, hemos luchado mucho por recuperar la biodiversidad en la ciudad. La perra ladra. ¡Calcula el tiempo mejor que yo! Es hora de ir a casa antes de que lleguen los invitados y también mis padres. Ya mañana vendré otra vez de compras con las amigas a intercambiar algunas prendas que ya no uso. ¡Día de chicas y chocolate caliente! Me encantan los olores, texturas y colores de las telas sostenibles que encuentro en las tiendas. Y pensar que hace unos años, la industria textil era un gran problema…Gracias a la producción local, muchos saberes se recuperaron. Veré que se me antoja mañana. Ahora toca disfrutar de mi familia, de la cual estoy tan orgullosa. ¡Han trabajado tanto para poder brindarnos este mundo, que ya no tengo que soñarlo! Mañana pensaré en mis vacaciones, ya puedo visitar cualquier lugar del mundo, por fin logramos ser un mundo sin fronteras, una comunidad unida, igualitaria, sostenible, alegre, sana, equitativa, tolerante, respetuosa y regenerativa. Lo logramos.
Empezaré este artículo con una frase del Arquitecto Norman Foster, que dice lo siguiente: “As an architect, you design for the PRESENT with an awareness of the PAST for a FUTURE which is essentially UNKNOWN” -“Como arquitecto diseñas para el PRESENTE, con la conciencia del PASADO para un FUTURO que esencialmente es DESCONOCIDO”. Los arquitectos cuando diseñamos usamos términos como belleza, habitar, integración, materialidad, modularidad, flexibilidad, ergonomía, vernáculo, usuario, experiencia, armonía... y sostenible, entre muchas otras palabras extraídas de la jerga arquitectónica. La arquitectura es, según la definición por la RAE:” El arte de proyectar y construir edificios”. Hoy en día, sigue vigente esa definición, pero… ¿Entonces el término sostenible, dónde queda? Si tan importante es hoy en día, ¿Por qué no se menciona? Sabemos por definición que en 1987 se definió desarrollo sostenible con el informe Brundtland, como: “aquél desarrollo capaz de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”. Es por esto, que la arquitectura sostenible busca reducir estas emisiones y el impacto ambiental de los edificios mediante el uso de materiales de bajo impacto, la eficiencia energética y la conservación de los entornos naturales y urbanos existentes. Me llama mucho la atención algunas cosas dentro de nuestra profesión: ¿No debería estar implícita la sostenibilidad en la definición de la arquitectura? ¿Hacemos arquitectura o arquitectura sostenible? ¿Por qué se sigue presentando como un añadido dentro del sector? Los arquitectos cuando expresamos o queremos transmitir el concepto de nuestro proyecto al cliente, ¿Realmente somos sinceros con las palabras que estamos empleando? ¿Estamos seguros de que los conceptos que estamos describiendo se están cumpliendo en nuestro proyecto o estamos frente a un discurso de venta, o lo que es peor, de greenwashing? Como podemos ver, hoy en día todos hablamos y escuchamos de sostenibilidad en cualquier medio e incluso en nuestro círculo cercano: campañas publicitarias, políticos, cumbres de cambio climático, desgracias climáticas que nos transmiten los medios informativos, economía circular, el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, las certificaciones de edificios, etc. Por el contrario, todos los esfuerzos que se hacen a nivel privado, público, organizacional, personal etc, ¿Realmente se cumplen o se quedan en un mero discurso? De no cumplirse, en el caso concreto de la arquitectura, ¿Por qué no se están llevando a cabo? ¿Cuál es el freno por el cual no tenemos todavía la conciencia de lograr diseñar un edificio sostenible, como arquitectos, desarrolladores, contratistas, clientes y demás personal involucrado en el proceso de diseño y ejecución del proyecto? ¿Por qué nos sigue importando más la belleza, y la función y dejamos de lado, o no le damos la importancia que se debe de dar, a la parte sostenible del proyecto? Bueno, todas estas preguntas arrojadas, llevan a una reflexión del cambio de modelo de un esquema lineal o tradicional a un proceso de diseño integrado (Integrated Design). Este “nuevo” proceso de diseño, pretende incorporar a todos los consultores especialistas involucrados en el proyecto desde el inicio del mismo, trabajando en un marco conjunto, con el fin de maximizar la capacidad de diseñar un edificio donde todos los valores arquitectónicos mencionados anteriormente, se cumplan, donde todas las disciplinas técnicas como arquitectura pasiva, estética, funcionalidad, simulación y modelados energéticos, sistemas activos, ingenierías, expectativas del cliente, parte social o costos, entre otras, estén consideradas desde el anteproyecto, como muestra la imagen comparativa de un proceso lineal versus diseño integrado. Esto es esencial si queremos alcanzar los estándares de un proyecto eficiente energéticamente, sostenible, net zero, o incluso regenerativo y en beneficio de la óptima construcción, operación y desempeño del edificio. No olvidemos que un edificio es presente y futuro, por lo que la economía circular, un término que no hemos mencionado hasta ahora, juega un rol fundamental, siempre y cuando se implemente y no se quede en un mero discurso en papel. Un buen ejemplo de lo que estamos explicando es el siguiente: es muy incongruente trabajar de forma aislada o separada las condiciones climatológicas que influyen al lugar, y en consecuencia, a su forma, orientación y configuración, sin tener en cuenta la ventilación del edificio, o la calidad del aire interior. Ambos conceptos están estrechamente relacionados, y deben de trabajarse en conjunto. El confort térmico es una consecuencia directa de todas las decisiones de diseño que tomamos: desde la orientación, la forma, la elección de los materiales de la envolvente térmica, el sistema de ventilación, el porcentaje de acristalamientos y ubicación de los mismos, etc. Debemos de conseguir como arquitectos al menos un 80% de confort durante las horas de ocupación del edificio sin recurrir a sistemas de climatización, si es que queremos hacer las cosas de forma correcta en cuestiones medioambientales y económicas. Evidentemente, para lograr esto, todo el equipo tiene que tener la conciencia, liderazgo, comunicación, ética profesional, iniciativa y profesionalismo para garantizar el éxito del diseño integrado, olvidándonos de nuestro “yo”. En este proceso, que requiere de una excelente coordinación y compromiso sustancial del equipo, con reuniones periódicas entre los miembros relevantes del equipo de especialistas, podemos llegar a compartir conocimientos, habilidades, y lograr transmitir un lenguaje común y las mejores soluciones. Una frase de Viktor Frankl dice: “Cuando las prioridades están claras, las decisiones se hacen fáciles”. Cambiemos de paradigma, entendamos cuales son las necesidades actuales, y trabajemos en conjunto para lograr un gran proyecto del que estemos orgullosos, no como arquitectos, sino como equipo integrador.
La transformación “sostenible” que desde hace años se lleva acometiendo en el sector de la construcción, tanto en la construcción in situ, como en la prefabricada, es una responsabilidad compartida de todos los agentes involucrados en el proceso de diseño, ejecución, entidades privadas y públicas, y también usuarios finales (es decir, todos), focalizado en la neutralidad climática y la plena descarbonización que deberá alcanzarse en Europa y en México en el año 2050. La última ronda de conversaciones en la conferencia de la ONU sobre el clima, la COP27, concluye con que el sector de la construcción fue responsable de más del 34% de la demanda energética y alrededor del 37% de las emisiones de CO2 asociadas a la energía y sus operaciones en durante 2021. Además, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en ingles) de la ONU, señaló en su informe más reciente, que el concreto puede absorber con el tiempo hasta un 50% del CO2 que se emite durante el proceso de descarbonización en la producción de cemento. Es por esto, que no me gustaría dejar de hablar del concreto como material sustentable y prefabricado como alternativa a los esquemas tradicionales de construcción in situ. ¿Realmente en un material que nos permite cumplir con los objetivos de descarbonización? ¿Qué ventajas tiene en cuestiones de sostenibilidad? ¿Debería ser una opción sostenible para construir hoy en día? ¿Cuál sería el escenario ideal y qué materiales debemos elegir en la construcción prefabricada? Para estar en contexto, es sabido que el concreto se ha utilizado durante siglos desde 6500 a.C. a nivel mundial por sus cualidades constructivas, que ningún otro material tiene: la durabilidad, versatilidad y la adaptabilidad. Hoy en día, por el contrario, es tiempo de verlo de otra manera. Deberá contemplarse que tan sostenible es un material, evaluando no solo de la etapa de producción, sino su ciclo completo de inicio a fin. La realidad es que necesitamos un concreto más sustentable. El cemento brinda al concreto la resistencia por la que es altamente reconocido, pero la producción de cemento es responsable de alrededor del 7 % de las emisiones de CO2 del mundo, y representa alrededor del 90 % de las emisiones del concreto. Ahora bien, se espera que el volumen de construcción del mundo se duplique para 2060, por lo que la cantidad de concreto que se deberá verter también nos presenta la oportunidad de almacenar de forma permanente cantidades enormes de CO2. Adicionalmente a las características del material, me gustaría abrir el interrogante de: ¿Por qué no usar concreto prefabricado para nuestras construcciones? ¿Sería una buena solución para el mercado residencial el poder trabajar con concreto prefabricado? A grandes rasgos, podemos decir que, en el caso de lo residencial, las casas prefabricadas son construcciones más sostenibles porque se genera menos desperdicio en obra y se utiliza menos energía durante el proceso de construcción; por otra parte, tienen más facilidades para ser más eficientes energéticamente. El concreto premezclado ofrece beneficios ecológicos notables cuando se compara con el que se realiza en la obra. Al ser procesado en gran escala en sitios designados con herramientas especializadas, reduce en gran medida el consumo de agua y la generación de desperdicios. Al ser altamente resistente, no se debilita por la humedad, el moho o las plagas, permitiendo que las estructuras sean duraderas y conservables a largo plazo, por ende, se reducen las exigencias ambientales de edificios más frágiles. Esto lo dota de una elevada vida útil: hacer que las cosas duren sin tener que reemplazarlas es clave. La versatilidad del material le permite solucionar múltiples situaciones relacionadas con la sustentabilidad. De igual forma, sus costos de producción reducidos lo hacen mejor opción a otros materiales. Además, al ser local y accesible, se reducen las necesidades de transporte y la contaminación asociada con éste. En cuanto a las características de confort, la masa térmica del concreto transmite más lento el paso del calor, lo que disminuye las necesidades de energía. Nos gustaría ejemplificar el artículo, con el proyecto que presentamos a continuación, LCP 30, proyecto residencial elaborado por el despacho EKOA, ubicados en Querétaro, encargados del diseño, construcción, estudios bioclimáticos y monitoreo (www.ekoa.com.mx); es un proyecto de vivienda de aproximadamente 180 m2 construídos que surgió con la intención de llevar a la práctica un sistema constructivo prefabricado aplicado de forma más habitual en el ámbito industrial para trasladarlo al ámbito residencial, un sistema de losas y muros de concreto que permitiera controlar la calidad, el tiempo y mano de obra en producción, fabricación y ejecución.